Las armas - Piratas, los ladrones del mar

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Sables, cañones y granadas

Hasta la optimización de las armas de fuego portátiles, la imposibilidad de realizar disparos consecutivos en corto espacio de tiempo, limitaba su utilidad en la lucha cuerpo a cuerpo. Entre las armas de fuego se pueden destacar los mosquetes, los trabucos y los arcabucillos, sin olvidar los grandes cañones, y otros de dimensiones reducidas, como la culebrina o el falconete, mortales para el asalto y abordaje de navíos.

Otra arma de fuego muy utilizada en los abordajes por los pitaras era la granada: un cilindro o esfera metálica hueca y rellena de pólvora prensada y perdigones, con una mecha empapada con brea. También se utilizaban recipientes de barro rellenos de alquitrán y trapos, que funcionaban a modo de bomba incendiaria, formando una espesa cortina de humo.

El arma blanca más utilizada era la espada, en sus diferentes variantes: machete, sable de abordaje, daga, etc… En los abordajes, para trepar por los costados del barco asaltado y también en las peleas sobre cubierta, el arma por excelencia era el hacha de abordaje.

Disparar un cañón con eficacia exigía una rígida disciplina: hasta los equipos artilleros mejor entrenados precisaban entre dos y cinco minutos para volver a cargar y disparar. Las indisciplinadas tripulaciones piratas casi nunca conseguían disparar más de una vez antes del abordaje.

Hundir un barco a cañonazos era muy difícil y, en cualquier caso, no era el objetivo de los piratas, puesto que nada podía robarse de un barco hundido. Con los disparos de cañón se perseguían otros fines: el impacto de las bolas de hierro dentro de los cascos de un barco creaba un torbellino de astillas mortales. Había también las balas de cadena o encadenadas, esto es, dos balas unidas por una cadena y lanzadas hacia arriba. Estos proyectiles eran capaces de romper velas y mástiles y así impedir la huída del barco atacado.

Los corsarios franceses utilizaban unos pinchos de cuatro puntas que arrojaban sobre la cubierta del navío que abordaban. Dado que los marinos trabajaban descalzos para evitar resbalar sobre las húmedas cubiertas, estos pinchos podían herir terriblemente a quien los pisara.

En los siglos XVII y XVIII todos los que tenían que combatir en el mar, preferían el sable. Su hoja corta y ancha lo convertía en el arma ideal para el combate cuerpo a cuerpo sobre una cubierta. Una espada más larga se enganchaba con facilidad en los cabos y velas del barco.

El puñal o daga era tan pequeño que se podía ocultar bajo la ropa en un ataque sorpresa. Además, era muy eficaz en las cubiertas inferiores, donde no había espacio para manejar una espada de mayor envergadura.

Los piratas que abordaban un barco de grandes dimensiones, como un galeón, usaban el hacha de abordaje para trepar por sus altos costados. Una vez en cubierta, resultaba un arma tan eficaz como un sable y además podía servir para cortar cuerdas y destrozar las velas del navío atacado.

Debido a su ligereza y tamaño, la pistola era el arma de fuego favorita de los piratas para el abordaje. Sin embargo, el ambiente marino a veces humedecía la pólvora: la pistola fallaba con frecuencia y la mayoría de las veces servía sólo para realizar un único disparo. Volver a cargarla era tan lento que nadie lo intentaba y, tras el primer disparo, utilizaban la dura culata a modo de porra. Para disparos a mayor distancia, justo antes de un abordaje, se utilizaba el trabuco, de dimensiones algo mayores, pero con una potencia de fuego y alcance muy superior al de una pistola.

Los bucaneros, expertos cazadores con mucha práctica en el tiro, solían utilizar también los mosquetes: largas escopetas de mayor precisión y alcance. El disparo con mosquete se utilizaba para distancias relativamente largas y era además el arma utilizada por los ejércitos y tropas regulares en su lucha contra los piratas.