Piratas en el Caribe - Piratas, los ladrones del mar

Piratas en el Caribe

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En busca de nuevas rutas

Siendo el Mediterráneo un mar altamente peligroso para la navegación y viéndose interrumpido el tráfico marítimo-comercial por las acciones continuadas de los piratas berberiscos, se hizo necesario encontrar nuevas rutas de navegación.

Por esta razón, España y Portugal, países estratégicamente situados en el extremo sur oeste de Europa, a orillas del océano Atlántico, se obstinaron en encontrar rutas alternativas para llegar a las “Indias Orientales”, evitando el Mediterráneo. El descubrimiento de América o “Indias Occidentales” no fue más que un accidente,  pues nadie esperaba encontrarse un continente a mitad de camino.

Los españoles navegan directamente hacia el oeste, llegan al mar Caribe y poco después al mismo continente americano. Las naves portuguesas circunavegan África, descubren el océano Índico, Madagascar y llegan a Oriente por otras rutas.

Mientras tanto en el Mediterráneo, habiendo alcanzado el bandidaje marítimo tales extremos, su Santidad Pío V dirige un llamamiento a los príncipes cristianos a luchar contra la Media Luna: las escuadras confederadas se enfrentarán a los otomanos en la batalla de Lepanto; cerrando el paso para siempre de los turcos al occidente de Europa.

La conquista de América

La conquista y colonización de América, convierte a las coronas de España y Portugal en las protagonistas de una nueva red de trafico comercial. El Tratado de Tordesillas, de 1494, confiere a ambos países la hegemonía sobre todas las tierras descubiertas por sus naves. Los españoles cerraron sus puertos y persiguieron el contrabando, el monopolio del comercio lo ostentaba en exclusiva la Casa de Contratación de Indias, con sede en Sevilla.

Inglaterra, país de religión protestante, jamás reconoció ni aceptó dicho Tratado, acordado con la bendición del Papa y la Iglesia católica. Rápidamente, la propia Corona británica financió expediciones corsarias con el fin de arrebatar a los españoles parte de las riquezas que, en exclusiva, éstos obtenían de América.

Automáticamente, las actividades de los corsarios se establecen firmemente en el comercio clandestino. Los desheredados de la conquista americana, sólo hallarían un modo de resolución: tomar por la fuerza lo que anhelaban.

Poco después, la prosperidad de las colonias españolas, con el consiguiente desarrollo de su comercio marítimo, excitó la codicia de numerosos aventureros, procedentes en su mayoría de Francia y Gran Bretaña, quienes simplemente actuaron al margen de las directrices e intereses de sus propios países, convirtiéndose en temibles piratas, actuando solamente bajo su propia bandera.

El Mar de las Antillas

El Mar de las Antillas se convirtió en el cuartel general de franceses, ingleses y holandeses, de renegados, de buscadores de fortuna y contrabandistas. Los piratas buscaron el favor de las latitudes caribeñas: las islas antillanas eran un laberinto donde encontraron puertos abrigados y seguros. En las islas encontraron abundancia de provisiones: agua potable, aves marinas, pescados, tortugas y mariscos. El gran comercio que se desarrollaba en América, y el paso obligado por esas rutas, daba la certeza de unas presas cargadas de vituallas, pertrechos navales, etc … además de joyas, oro y plata.

En las primeras décadas del siglo XVI, la isla de La Tortuga y Port Royal en Jamaica dieron refugio seguro a lo que se convertiría en una fuerza  realmente hostil a la preponderancia hispana.

La Carrera de Indias

Carrera de Indias es el nombre que recibe la organización del transporte y navegación entre España y sus colonias americanas.

Para enfrentarse a los ataques piratas, la metrópoli española ideó en 1561 la creación de la Flota de Indias: consistía en la custodia por naves de guerra de los buques mercantes. Se armaron dos flotas: La Flota de Tierra Firme y la Flota de Nueva España, además de la Armada de Barlovento, que a modo de “guardacostas” custodiaba las islas españolas esparcidas por el mar Caribe.

Cada una de estas dos flotas acompañaban en su travesía por el Caribe, a los galeones mercantes que salían cargados de los puertos de Veracruz y Cartagena de Indias, en la costa americana. Ambas flotas confluían en el puerto de La Habana y, desde allí, conjuntamente se aventuraban a la travesía del Atlántico, hasta llegar a España por Sanlúcar de Barrameda.

En mitad de la travesía era necesario hacer escala en las Islas Azores, para aprovisionarse de agua dulce, leña y alimentos. Éste era un lugar muy peligroso, ya que por sus aguas merodeaban siempre barcos piratas ingleses, al acecho de las flotas.

La defensa de las colonias

En todas las ciudades portuarias de América se levantaron estructuras defensivas, para prevenir ataques y proteger a las poblaciones y al comercio marítimo. Cartagena de Indias, La Habana, San Juan de Puerto Rico, Veracruz, por citar algunas de ellas, eran verdaderos bastiones fortificados. Proteger las ciudades y las flotas mercantes se convirtió en la mayor obsesión de la Corona española en aquellos siglos.

Ninguna de estas ciudades se salvó de repetidos ataques y saqueos por parte de corsarios y piratas.

En aquellos años, la vida en las colonias españolas, estuvo marcada permanentemente por el peligro de ataques, asaltos y destrucción, pues no sólo los piratas acechaban a barcos y flotas enteras, sino que además asaltaban regularmente cualquier asentamiento costero y hasta ciudades importantes y bien defendidas, como Panamá o incluso La Habana.

Los siglos XVI, XVII y la primera mitad del XVIII, fueron la época dorada de la piratería antillana y americana. Con la firma del Tratado de Utrech, donde se comprometen las naciones entre sí a respetar la libertad de comercio, comienza a declinar la piratería y sobretodo, las actividades corsarias.